Antonio Penadés, El hombre de Esparta, Barcelona, Edhasa, 2005, 352 pp.

En estos tiempos de novelas pseudohistóricas de supuestos misterios a lo Codigo Da Vinci no es fácil encontrar autores españoles que escriban con seriedad sobre el Mundo Clásico. En El hombre de Esparta Antonio Penadés combina muy acertadamente los dos rasgos que definen una buena novela histórica: buena documentación y calidad literaria. Me parece muy lograda la combinación de descripción e interiorización de personajes con una intriga de asesinato que de ningún modo hace olvidar la verdadera intención del autor. Esta consiste en mostrar el preludio del enfrentamiento entre Atenas y Esparta en la Gran Guerra del Peloponeso a través de dos personajes antagónicos, el ateniense Isómaco y el espartano Alcinoo, cuyos destinos se verán entrelazados.
La novela consigue que el lector tenga la sensación de estar "allí", sobre todo en las escenas de descripción de la vida en la hacienda de Isómaco, en la vívida sesión de la Asamblea en la Pnix o en la crucial consulta al oráculo de Delfos. También me parece digno de mención (y emoción) el imprevisto final, digno de la tragedia griega (no en vano el subtítulo de la novela es "La tragedia de Isómaco de Atenas).
En suma, un libro que emplea el recurso de la intriga y el misterio para llevarnos mucho más allá en busca de la areté, tan apreciada por el protagonista y cuya pérdida le une, en cierto modo, a su más irreconciliable enemigo. Algunos institutos lo han adoptado como lectura para los alumnos.
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Reseña basada en un post de Blog de Fernando Lillo Redonet